miércoles, 27 de junio de 2012

Casas y Riesgos


Aunque El Salvador está situado dentro del corredor de huracanes, históricamente nunca ha sido el más afectado directamente por estos. Sin embargoes necesario considerar que una depresión tropical situada en el Golfo de México puede generar intensas lluvias que repercutan directamente sobre el territorio salvadoreño, como el caso de la depresión tropical E-12, que azotó nuestro país en noviembre de 2011. Aun así, los daños ocasionados por estos han sido significativos  a lo largo de la historia, entre los años 1902 y 2010, el impacto económico ascienden a un total de $16,000 millones de dólares según la OFAD/CRED International Disaster Database.

En El Salvador el 88.7% del territorio, es considerado área de riesgo según la GFDRF 2009 Banco Mundial, siendo la vivienda popular y vivienda rural la que por lo general  resulta mayormente afectada año tras año. Eso puede ser explicado debido a una diversidad de factores entre los que podemos mencionar que históricamente y por su ubicación geográfica, El Salvador no es sometido a dramáticos cambios climáticos tales como frío o calor extremos,  y a la población rural le ha bastado con hacerse de chozas para el resguardo de la familia. Sumado a esto, normalmente este sector poblacional no cuenta con los recursos económicos para la construcción de una vivienda digna y no ha logrado  más que un techo improvisado para resguardarse de la intemperie.  Esta tipología histórica de la vivienda improvisada coloca a sus habitantes en situaciones de alto riesgo en caso de catástrofes naturales como lo son: inundaciones, deslaves o terremotos ya que dichas estructuras son incapaces de resistir cualquiera de estos eventos.

Es necesario crear conciencia que esta práctica de reconstruir cada año, la vivienda destruida el invierno anterior frena por completo cualquier posibilidad de superación personal o familiar. Se vuelve imprescindible la necesidad de modificar la tipología de vivienda especialmente en zonas de riesgo de inundación, como por ejemplo las tierras del Bajo Lempa que  se encuentran en riesgo inminente.

A pesar de ser un país tropical, en El Salvador no se implementan sistemas de viviendas que datan de hace ya décadas en otros países y que han dado excelentes resultados, como es el caso de la vivienda elevada. En la mayoría de países tropicales, especialmente en zonas costeras y riveras, se implementan diseños que implican elevar la vivienda a más de un metro del nivel de terreno natural que les pueda proporcionar resguardo en caso de inundación tanto a los habitantes como a sus pertenencias. Pero existen otras ventajas que proporciona la vivienda elevada: disminuye el riesgo de plagas (ej. Roedores y zancudos), proporciona un resguardo seco en caso de inundación, mismo motivo por el cual se mejorarían las condiciones de salubridad posteriores a una catástrofe de este tipo, además  la altura brinda un ambiente más fresco y cómodo para habitar, etc. Si a esta vivienda se le agregan otros elementos propios de la arquitectura bioclimática como sistemas naturales de climatización y aprovechamiento de las condiciones ambientales, es posible obtener una vivienda más digna y más segura a un costo muy bajo.

Pero el cambio no debe limitarse a la forma sino también a la calidad de los materiales y sistemas constructivos. No se puede seguir pensando en soluciones temporales que se vuelven perpetuas y que al corto tiempo están generando nuevas pérdidas irreparables en vidas humanas y pérdidas económicas.

Podemos partir del hecho que mientras continuemos  con los mismos hábitos y limitaciones en la construcción de vivienda popular y vivienda rural, solo podemos esperar los mismos resultados. Es urgente que se le proporcione a la población de escasos recursos, soluciones innovadoras y prácticas que de ser necesario puedan ser implementadas por los mismos usuarios. Estas soluciones pueden ser promovidas y difundidas en forma gratuita para evitar que el factor económico sea una limitante que restrinja la propagación de la información a los sectores más necesitados.

Cada vez se vuelve más complicado pensar en soluciones como la movilización de estos pobladores a zonas más seguras, en tierras que si bien es cierto se encuentran en menor riesgo de desastre, pero que a la vez no garantizan la subsistencia de los pobladores al no constituir un medio de producción con las condiciones adecuadas para el cultivo o crianza de animales.

En conclusión podemos mencionar que existe en el país una necesidad urgente de modificar la tipología tradicional de la vivienda y de los sistemas constructivos para zonas de riesgo y sobre todo zonas de riesgo inminente, si pretendemos lograr una mejora sustancial en la calidad de vida y en la mitigación de desastres naturales.

Sabemos con certeza que es posible hacerlo, puesto que ya tiene décadas funcionando en otros países tropicales y sabemos que los costos no difieren mucho de los programas de vivienda mínima que actualmente ejecuta el gobierno, así que no deberían existir limitaciones técnicas o económicas para no poner nuevos planes en marcha.

Publicado Industrias Magazine (pag 38 y 39) Marzo 2012 http://industriaelsalvador.com/index.php?option=com_flippingbook&view=book&id=21

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